QUERÉTARO, MÉXICO 

MAIL-01.png

CONTACT

-DESHORA-

Había un cielo neutro cuando lo despertó la parada abrupta, anunciaba la llega al sendero, sintió una sensación deshora cuando se bajó. Le pregunto al chofer si amanecía o anochecía, no le supo decir.

Un impulso confuso lo llevaba a los llanos, le habían contado que si entraba a ese lugar raso y desolado, al salir sentiría en la espalda el peso de la tierra y las malditas ganas de llorar. “La gente ahí llora como quien se ríe, a todas horas, por cualquier cosa”.

Tal vez, si es que algo buscaba, era la comprensión de la tristeza con la que creció,  la que había arrastrado toda su vida, solo se recordaba riendo en aquellos remotos días de infancia, cuando le gustaba cortarle la cola a las lagartijas con descontroladas carcajadas, hasta que su abuela se lo prohibió acusándolo de mal hombre por hacer sufrir al animal.   

También desempolvo el sentimiento del día que fue a pescar cuando el rio se desbordo, arrastro los peces del otro pueblo, cuando las aguas se apaciguaron, tomó los peces y los aventó al cielo, los vio volar al son de la euforia, y al contemplar su muerte lenta sintió salir de su pecho un llanto contradictorio.

No recordaba como era su risa, su Abuela lo había llevado con brujos y curanderos, le había dado a tomar brebajes y remedios, las mismas colas de lagartija que cortaba, las incluía en los vomitivos zumos de desesperanza, para que le sacaran la callosa infelicidad, sin éxito, hasta que se resignó, siempre creciendo con miradas de desaprobación por no comprender la locura de no poder estar alegre.  

Después de mucho tiempo transitando en el sendero inmerso en el sinsentido, y dispuesto a regresar,  algo empezó a salir de adentro, analizo cada una de las cosas que le provocaba su risa, la sintió extraña, fuera de sí, su sonido era ajeno, sentía en los labios y en los dientes expuestos un ardor tembloroso, que venía la nada y le salía por la boca, nunca en su vida se había sentido tan infeliz.

Cuando los primeros rayos del sol revelaron la hora, lo encontraron los perros, le ladraban con sonidos que asemejaba una triste alegria, como cuando alguien llega, o se va. Tenía horas que se había rendido a su insoportable risa.

Proyecto colaborativo desarrollado durante 20 Fotógrafos, Laboratorio de creación y educación. Concepción, Bolivia. Octubre 2018.

Fotografía

Xochilan Rojas

Mariceu Erthal

Musuk Nolte

Cuento: Mariceu Erthal